Bueeno, esto es lo primero que escribi en mis 19 años de vida, se podría decir que es una primera terminación del cuento y bueno, pueden ddecirme lo que quieran, sea bueno o malo, recibo toda clase de criticas
Soledad
Fiodor se encontraba –como le era ya hábito hacía unos cuantos meses- con su privilegio (¿privilegio?) de soledad totalmente a oscuras encerrado en su cuarto. No lograba comprender porque él podía gozar de aquel privilegio y las demás personas se andaban de aquí para allá en grupos, charlando, realizando actividades, comportándose como usualmente lo hace la gente en sociedad. Él sabía y tenía muy en cuenta que junto a su aislamiento tenía pocos momentos de gran aburrimiento y desesperación por salir de aquel cuartucho sucio y pequeño, y poder entablar relación con aquellas personas de afuera, -¿acaso las personas normales? –Se preguntaba segundo tras segundo en aquellos ataques de locura- Sin embargo él solía estar feliz (¿realmente feliz?) de poder tener este exclusivo apartamiento con la población ``normal´´ que él tan pocas veces deseaba fervientemente.
Luego de leer su gran cantidad de libros se convencía a sí mismo que esa soledad era realmente un privilegio y no había ningún pensamiento que pudiese hacerle cambiar de opinión, amaba (si es que sabía el verdadero significado de aquella palabra ) estar largas horas en su lúgubre y neblino cuchitril con su mente totalmente apagada, por ratos se le iluminaba e intentaba convencerse nuevamente de que no necesitaba a nadie para su verdadera felicidad (si es que en algún momento de su vida supo ser realmente feliz) .
Tenía el maldito, pero tan necesario –pensaba para auto convencerse de que no era un error hacerlo- vicio de 20 cigarrillos diarios, los cuales paradójicamente eran lo único que no lo tenían completamente apartado de la sociedad exterior. Incluso solía tener periodos de tiempo en los cuales ni siquiera probaba bocado, se sentía satisfecho y sin necesidad -o eso creía- de ingerir ningún alimento o bebida.
Claro que también había momentos de reflexión lógica –como le gustaba llamarlos-. Tenía un profundo odio hacia el consumo excesivo, y a como la gente iba necesitando día a día un poco más de todo para poder vivir feliz, y aún así seguir quejándose de las cosas innecesarias que no tenían. Aborrecía profundamente a la tecnología inservible, y hacia como –él creía- la misma idiotiza a las masas y las lleva a un circulo vicioso de quema de dinero. No lograba descifrar-esto era en lo que más pensaba en dichas reflexiones- de que manera él podría llegar a integrarse en aquella sociedad de la cual conocía tanto, y a su vez tan poco.
En tiempos anteriores a su ermitañismo y a su tapeado de la única ventana que había en su ínfimo dormitorio, tenía el hábito de mirar hacia aquél parque donde niños paseaban de la mano de sus padres, mujeres y hombres trotaban alrededor del mismo, adolescentes jugaban sus diarios partidos de fútbol; en dichos tiempos esto le generaba sensaciones agradables, simpatía hacia los demás, hasta hubo momentos en que aquellas escenas le inspiraban paz, sin embargo de un momento a otro, y hasta sin que él mismo se diese cuenta de cuando fue, todos esos sentimientos empezaron a retorcerse hasta el punto de tal de sentir asco hacia la sociedad, día a día su odio interno hacia los demás se iba agravando, con el pasar del tiempo hasta llegaba a sentir jaquecas al mirar hacía aquella macabra –o así lo sentía él- ventana. Decidió que lo más sano sería cerrar aquella invitación al horror con lo primero a su alcance, arrancó con furia toda la madera que encontró en su diminuto departamento, y utilizando unos clavos que encontró y ayudándose con uno de los pedazos de madera arrancados fue cerrando poco a poco ese sentimiento de angustia y rechazo para con el sistema.
Aunque aquél día en sus pensamientos hubo un repentino vuelco, dichos sentimientos de rechazo hacía las personas desapareció inesperadamente y sin previo aviso, sentía que podía llegar a integrarse en aquél sistema que tanto repudio le causaba. Intentó volver a prender las luces de su ínfimo dormitorio, sin éxito alguno le paso por su mente romper la barrera que lo excluía del mundo exterior, al cabo de unas largas horas de reflexión decidió destruir dicha barrera, los rayos del sol volvieron a empapar la cueva que lo mantenía apartado de todo, dio un rápido vistazo de cómo estaba todo, las paredes de la misma asquerosamente sucias y llenas de humedad, su cama seguía desarmada hacía unos cuantos meses atrás, el único mueble que le había quedado intacto luego de su auto boicot con la humanidad era su mesita de luz con sus 3 cajones cerrados, no le dio mucha importancia al estado de sus pertenencias, ya que lo que realmente le importaba era poder volver a mirar hacía aquél parque, sin perder un solo segundo más dio media vuelta, observo todo nuevamente como lo solía hacer en sus pasados atardeceres, al cabo de medio segundo, retrocedió, abrió el primer cajón de su mesita de luz y gatilló
Dr. Saturno (15/09/2011)
me gustó mucho, bastante, me encantan estos relatos. Si tenés algo más por ahí escrito, traelo que me coparia leerlo!
Revolution is my name
Dr. Saturno (16/09/2011)
dina (16/09/2011)
Dr. Saturno (17/09/2011)
Lo acabo de leer y me encantó, es sumamente atrapante.. Muy interesante tu relato Dr, espero alguno que otro más!
Dr. Saturno (18/09/2011)